Quito inicio

Ver, escuchar, olfatear, saborear y tener sensibilidad táctil son las sensaciones que los seres humanos captamos a través de los órganos de los sentidos.

Con los ojos vemos, con los oídos escuchamos, con la nariz olemos, con la lengua saboreamos y con la piel tocamos.

Dicho así, simplemente, resulta muy fácil. Sin embargo, hay personas que carecen de alguno de estos sentidos y, peor, hasta más de uno.

Sin la vista, un quiteño no puede disfrutar de la maravillosa vista de los volcanes del callejón interandino que se ve en las mañanas luminosas o en los atardeceres claros.

Sin el oído no se escucha el trino de las aves al amanecer o la música de las bandas de pueblo que alegran las fiestas tradicionales de la capital ecuatoriana.

Cuando tenemos afectado el sentido del olfato no captamos el aroma de la canela, el perejil o la albahaca, ingredientes tan apetecidos de la cocina quiteña tradicional.

Si nos falta el sentido del gusto perdemos la posibilidad de saborear la mezcla del rico encebollado o el seco de pollo con su jugo a base de variadas yerbas y especias.

Cuando nos faltan los dedos o los brazos  la persona no se relaciona con su entorno de manera precisa y carece de impulsos y respuestas.

A continuación contamos 5 historias que pueden parecer fantásticas. Sin embargo, representan testimonios que, tras estrujarnos el corazón, nos harán comprender que la vida, con todas sus carencias, bien vale la pena.